Lejos de los reflectores, los escenarios multitudinarios y el asedio de la prensa internacional, el “Rey del Pop” eligió las costas guerrerenses para disfrutar de un descanso estrictamente privado.
El viaje ocurrió a finales de abril de 2003. A diferencia de otras estrellas de su magnitud que visitaban el destino turístico en medio de grandes despliegues mediáticos, Jackson optó por un viaje de perfil extremadamente bajo, motivado únicamente por el deseo de tomar unas vacaciones.
Para evitar levantar sospechas y mantener el viaje en el más absoluto secreto, el cantante arribó al puerto acompañado por un equipo de seguridad muy reducido.
Durante los días que duró su estancia, el intérprete de Thriller se hospedó en una villa privada, logrando un objetivo que parecía imposible para una figura de su talla: pasar prácticamente desapercibido ante el ojo de la prensa internacional y los paparazzi.
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