Mikan llegó originalmente como un gato rescatado, pero su tranquilidad ante el ajetreo del metro y su capacidad para “supervisar” a los pasajeros lo convirtieron rápidamente en una celebridad local.
Gracias a su presencia, la afluencia de pasajeros en esa estación ha aumentado drásticamente, con personas que viajan solo para verlo dormir en su escritorio o recibir caricias.