Existe un rincón en el planeta donde la geología y la historia han esculpido un paisaje que parece extraído de un cuento de fantasía. Se trata de Kandovan, un pintoresco pueblo con más de 700 años de antigüedad ubicado en las faldas del imponente monte Sahand. A diferencia de las urbes modernas, aquí las viviendas no se levantaron sobre la tierra; fueron talladas directamente en el corazón de la montaña.
Desde la distancia, estas singulares estructuras de piedra se asemejan a gigantescos panales de abejas o colmenas que emergen de la ladera de la montaña.
En realidad, se trata de conos naturales de toba volcánica. Esta roca blanda se formó por la acumulación de ceniza y escombros proyectados durante las antiguas erupciones del monte Sahand.
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