Las raíces de este afamado lácteo se remontan a varios siglos atrás en el pintoresco pueblo de Cheddar, ubicado en el suroeste de Inglaterra. Lo que comenzó como una reserva gastronómica local para conservar la leche sobrante terminó transformándose en el queso más popular y consumido del planeta.
A diferencia de las versiones procesadas e industriales que abundan en los supermercados modernos, el auténtico cheddar tradicional se distingue por un cuidadoso proceso de maduración conocido como clothbound o cheddar elaborado en tela.
Durante la etapa de maduración, los bloques de queso se envuelven meticulosamente en telas de algodón.
Este método permite que el queso “respire” durante el proceso, desarrollando su corteza característica, una textura firme y ese sabor complejo tan apreciado por los amantes de la buena mesa.
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