En cuestión de segundos, el agua voló por los aires y aterrizó de lleno sobre los chicos. Sin embargo, lejos de los gritos de indignación o los gestos de molestia que se esperarían en plena ciudad, el silencio fue roto por una carcajada colectiva.
En un mundo donde el estrés suele ser la respuesta automática ante cualquier inconveniente, ver a este grupo tomarse el incidente con tanta filosofía y buen humor fue un recordatorio refrescante. Al final, los chicos continuaron su camino, dejando atrás el charco y llevándose consigo una anécdota que, sin duda, contarán en su próxima reunión.