El 21 de agosto de 1968, la colonia Melchor Ocampo fue el escenario de una tragedia que borró la tranquilidad de Ciudad Juárez. Dos niñas, Rosa María y María Esther, de 4 y 5 años, desaparecieron misteriosamente.
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Un día después, la comunidad colapsó ante el peor escenario: los cuerpos de las menores fueron encontrados sin vida dentro de un refrigerador viejo y abandonado en el patio de una leñería, entre las calles Saltillo y 21 de Marzo.
¿Por qué el caso sembró un mar de dudas y sospechas hasta el día de hoy?
La brutalidad del caso desató una intensa presión social sobre las autoridades. Para calmar la indignación pública, la policía arrestó rápidamente a un hombre en situación de calle, quien supuestamente confesó el crimen.
Pronto surgieron graves contradicciones. Las pruebas de ADN de la época resultaron deficientes y jamás se aclaró el origen de unos cabellos hallados en la escena. Todo apuntaba a que las autoridades fabricaron un "chivo expiatorio" mediante una confesión forzada.
¿Cuál es el impacto histórico del caso de las dos niñas encontradas en un refrigerador en Juárez?
Historiadores locales coinciden en que este doble infanticidio fue un punto de quiebre. El caso terminó con la percepción de seguridad en la frontera y sembró una desconfianza permanente hacia la justicia institucional.
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