Lejos de ser una tarea secundaria, la preparación de cada unidad antes de salir a las calles es un paso obligatorio e inquebrantable para garantizar la seguridad y el confort de millones de pasajeros diariamente.
El proceso comienza mucho antes de que el primer usuario suba a bordo. Los conductores de autobuses tienen la obligación de llegar a sus respectivos depósitos 30 minutos antes de su horario de salida. Esta media hora inicial es crucial y no se puede omitir.
Una vez concluida la revisión técnica, comienza la fase de desinfección y lavado. Utilizando pistolas de agua a alta presión, los conductores y el personal del depósito limpian a fondo el exterior del vehículo, enfocándose en eliminar el polvo, el lodo y cualquier mancha en las ventanas y neumáticos acumulados en la jornada anterior.
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