Acapulco, Guerrero. — En medio del bullicio de la zona costera y bajo el intenso sol que caracteriza al puerto, se encuentra Roberta Mendoza, una mujer cuya vida ha sido un ejemplo de resiliencia y trabajo constante. Desde los 12 años, Roberta comenzó a trabajar para salir adelante, y hoy, décadas después, su puesto de chamoyadas no solo es un refugio contra el calor para locales y turistas, sino el símbolo de una familia que logró formar con esfuerzo propio.
Para Roberta, el trabajo no es solo una necesidad, sino una definición de su propia determinación. A pesar de los desafíos económicos y las inclemencias del clima, ella sostiene firmemente que rendirse no es una opción.
“Formó su propia familia y la ayuda económicamente”, se lee en los testimonios que acompañan su labor. Su determinación la define: una mujer que, a pesar de las adversidades que han golpeado al puerto en los últimos tiempos, se mantiene de pie, ofreciendo una sonrisa y un producto artesanal que deleita a quienes transitan por la avenida.
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