Para Christopher, la pasión por las formas y figuras comenzó desde muy temprana edad. Lo que empezó como un interés infantil se convirtió en una carrera de 22 años, durante la cual ha explorado diversas técnicas.
Para este artista acapulqueño, cada pared blanca es un lienzo inmaculado lleno de posibilidades. Christopher enfatiza que su trabajo va más allá de simplemente aplicar pintura; requiere de imaginación, ingenio, destreza y una visión clara para plasmar diseños que cautiven a los transeúntes.
Sus murales no son solo una expresión artística, sino también su medio de vida. Christopher busca dejar su huella en cada rincón de Acapulco, transformando espacios grises en obras vibrantes que reflejan su identidad y la de su comunidad.