Se ha revelado el acabado de una residencia privada donde las paredes no fueron simplemente pintadas, sino bañadas en oro líquido de 24 quilates.
El proyecto, encargado por un multimillonario cuya identidad se mantiene en el anonimato, requirió una mezcla alquímica especial. El artesano responsable desarrolló una técnica para integrar polvo de oro puro directamente en la base de la pintura, logrando una textura que cambia de tonalidad según la incidencia de la luz.
Este tipo de trabajos confirma una tendencia creciente en Dubái: el uso de metales preciosos no solo en joyería o accesorios, sino como materiales de construcción. Lo que para muchos es una extravagancia innecesaria, para la élite de la ciudad es una inversión en una pieza de arte habitable.