La mujer contrató a un maestro de obra para realizar una reforma común en el diseño de interiores moderno: derribar el tabique que separaba la cocina del salón para crear un concepto de “espacio abierto”. Sin embargo, al caer los primeros ladrillos, el entusiasmo se transformó en horror.
Ante la magnitud de los desperfectos y el peligro inminente que representaba seguir tocando la estructura, la mujer tomó una decisión radical: abandonar por completo el proyecto de remodelación.