Estudios recientes de la industria naval confirman que un casco sucio colonizado por algas, moluscos y percebes puede hacer que un barco de carga queme entre un 20% y un 40% más de combustible en un solo viaje.
Este fenómeno, conocido técnicamente como bioincrustación (o biofouling), aumenta drásticamente la fricción del navío con el agua. Para mantener la velocidad de crucero planeada, los motores deben realizar un esfuerzo descomunal, devorando toneladas de combustible extra.
El impacto en números: Si un buque portacontenedores promedio consume unas 150 toneladas de combustible al día, un casco severamente afectado por la bioincrustación puede elevar esa cifra a 210 toneladas diarias. Eso equivale a quemar miles de dólares extra cada 24 horas.
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