La bahía de Acapulco enfrenta una grave problemática: la acumulación de llantas y “líneas fantasma” (hilos de seda utilizados para volar papalotes) que dañan el ecosistema marino y ponen en riesgo a diversas especies.
En respuesta, un grupo de buzos voluntarios realizó una jornada de limpieza, logrando extraer más de 3 kilómetros de estos materiales. Expertos advierten que estos desechos, al degradarse, generan microplásticos que son ingeridos por la fauna marina, afectando la cadena trófica.
Las autoridades han hecho un llamado a los visitantes a ser responsables, solicitando que retiren todo tipo de material plástico para proteger la biodiversidad de la zona.
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