Mientras un furtivo raudal transformaba las calles en un río embravecido, la fuerza del agua comenzó a arrastrar a una joven, quien luchaba desesperadamente por no ser succionada por la corriente.
Lo más destacable de este suceso es que, tras asegurar que la joven se encontraba fuera de peligro, sus rescatistas se retiraron sin buscar reconocimiento ni fama. Su recompensa fue, simplemente, el deber cumplido.