El siniestro comenzó de manera imprevista, levantando de inmediato densas columnas de humo negro que alertaron tanto a las personas que se encontraban en la costa como a los navegantes cercanos.
En cuestión de minutos, las llamas comenzaron a prolongarse rápidamente a lo largo de la cubierta, desatando la zozobra entre los tripulantes a bordo.
Lo que pudo haber terminado en una tragedia de mayores proporciones dio un giro drástico gracias a una rápida y valiente demostración de audacia. Al percatarse de la emergencia, un grupo de civiles a bordo de motocicletas acuáticas (jet skis) comenzó a maniobrar a toda velocidad alrededor de la embarcación afectada.
Aprovechando el oleaje y la fuerza de los motores de sus unidades, los rescatistas improvisados lograron arrojar agua de manera estratégica hacia la zona del fuego. A este esfuerzo se sumaron diversos marineros locales, quienes trabajaron hombro con hombro de forma coordinada.
Gracias a la rápida intervención conjunta de la sociedad civil y los trabajadores del mar, el fuego fue extinguido en su totalidad antes de que provocara daños estructurales severos en la nave o cobrara vidas humanas.
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