Este domingo, el presidente del Parlamento venezolano, Jorge Rodríguez, informó en una actualización oficial que el número de fallecidos ascendió a 3.342 personas, consolidando este evento como el desastre sísmico más mortífero que ha vivido el país en el último siglo.
La nueva cifra representa un incremento de 388 decesos reportados en las últimas 24 horas, a medida que los equipos de socorro intensifican la dolorosa remoción de escombros en las estructuras colapsadas.
De acuerdo con el reporte oficial emitido por las autoridades parlamentarias, el estado de la emergencia al día de hoy registra los siguientes indicadores:
Personas heridas: 16.740 ciudadanos han recibido atención médica por lesiones de diversa gravedad.
- Rescatados con vida: Un total de 6.462 personas han sido extraídas con éxito de las estructuras colapsadas desde el inicio de la tragedia.
- Pérdida de hogares: Al menos 17.345 personas perdieron la totalidad de sus viviendas, lo que ha obligado al Ejecutivo a habilitar 79 campamentos transitorios de refugio.
- Infraestructura: El balance de daños estructurales se mantiene en 856 edificios afectados y 190 que sufrieron un colapso total.
A pesar del masivo despliegue de seguridad, la falta de datos oficiales actualizados sobre las personas en paradero desconocido sigue generando profunda preocupación y reclamos entre la población civil.
Ante el vacío informativo, la iniciativa ciudadana independiente “Desaparecidos Terremoto Venezuela” ha habilitado una plataforma web donde familiares reportan casos de incomunicación. Hasta este domingo, dicha base de datos civil registraba más de 31.000 personas cuyo paradero o estado actual no ha podido ser verificado por sus allegados.
El doble seísmo (con eventos de magnitud 7,2 y 7,5 que golpearon de manera consecutiva y con escasa profundidad) afectó gravemente a Caracas y a otros seis estados del norte del país. La zona costera de La Guaira se mantiene como el epicentro de la devastación, reviviendo traumas históricos en una región que ya padeció el trágico deslave de 1999.
A 11 días de ocurrida la catástrofe, y con la retirada paulatina de brigadas internacionales de rescate, las operaciones locales de rescate entran en una fase crítica en la que las posibilidades de hallar sobrevivientes bajo el concreto se reducen drásticamente, tornando las labores de rescate en tareas de recuperación.
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