Lo que comenzó como una filtración en los cimientos de un inmueble terminó en una exhibición de poder de la naturaleza: columnas de agua brotando desde el tejado del edificio, impulsadas por una presión subterránea masiva.
El fenómeno se explica a través del principio de la presión hidrostática y el confinamiento de fluidos. Al llenarse los sótanos y los huecos de los ascensores o tuberías principales, el aire quedó atrapado y el agua, buscando salida, utilizó los ductos verticales como “cañones”.
La presión acumulada fue tan alta que el líquido venció la gravedad y la resistencia de las instalaciones, brotando con violencia por la parte más alta de la edificación, creando una imagen escalofriante que simulaba una fuente gigante saliendo del tejado.
El edificio permanece precintado y se ha cortado el suministro de agua y electricidad en las manzanas aledañas ante el temor de que el subsuelo esté hueco en toda la zona.
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