Sin embargo, más allá de deleitar con su inigualable sazón de la Costa Chica, la cocinera originaria de Tecoanapa conmovió a sus compañeros y a la audiencia al abrir su corazón sobre el lado más difícil del aislamiento: la distancia con sus hijos.
En un momento de vulnerabilidad mientras compartía la mesa durante el desayuno, Flor no pudo ocultar la nostalgia y la ansiedad que le provoca estar lejos de su familia. Entre suspiros, recordó los sacrificios de su primogénita y cómo su madurez temprana la ayudó a salir adelante en las etapas más complejas de su vida.
“Tengo videos donde ella solita ahí ponía su mesita de la escuela y solita se hace su sandwichito... y tres años, chiquita, y se hacía su mamila, su chocolate”, relató Flor con los ojos llorosos, provocando la ternura de sus compañeras de cocina.
El aislamiento de MasterChef 24/7 ha comenzado a pasar factura emocional en varios de los competidores. Para Flor de Campo, quien llegó al programa con la firme intención de poner en alto la gastronomía de Guerrero y asegurar un mejor futuro para los suyos, recordar las voces y las risas de sus pequeños se ha convertido en su motor principal, pero también en su mayor reto de fortaleza mental.