Tras una temporada de lluvias excepcionalmente intensas a inicios de este año, los paisajes de Arabia Saudita han experimentado una metamorfosis que ha dejado al mundo boquiabierto.
Las precipitaciones, que superaron con creces los promedios anuales en regiones como La Meca, Medina y Yeda, lograron lo que parecía imposible: despertar semillas que permanecieron dormidas bajo el calor extremo durante años.
El cambio ha sido tan drástico que las imágenes satelitales de la NASA muestran claramente el contraste entre el marrón habitual y las nuevas manchas verdes que se extienden por el Reino.