Una mujer acudió a realizar su rutina de entrenamiento sin portar ninguna prenda en la parte inferior de su cuerpo. En su lugar, utilizó pintura corporal detallada para simular unos pantalones deportivos ajustados (leggings). A simple vista, el diseño lograba engañar al ojo, pero la falta de relieve y costuras delató la ausencia de ropa real ante los ojos de otros asistentes.
La situación escaló cuando un miembro del establecimiento notó el engaño y confrontó a la mujer. Según los informes, el usuario calificó el acto como exhibicionismo y argumentó que este tipo de prácticas no deberían estar permitidas en un espacio público y familiar.
Quienes señalan que, más allá de la moralidad, el uso de máquinas de ejercicio sin una barrera de tela adecuada representa un problema de higiene para el resto de los usuarios.