Lo que para cualquier ser humano representaría una escalada peligrosa, extenuante y estrictamente prohibida, para estos caninos parece ser simplemente un paseo cotidiano por su “patio trasero”.
Testigos y guías locales han reportado con asombro la agilidad envidiable de estos animales, quienes suben los enormes bloques de piedra caliza sin mayor dificultad.
Una vez alcanzada la cima, a unos 136 metros de altura, los perros fueron vistos ladrando y aullando hacia el horizonte, como si estuvieran reclamando su soberanía sobre este sitio histórico.
Este inusual suceso ha generado gran impacto en redes sociales, demostrando que la naturaleza siempre encuentra formas de sorprendernos en los lugares más emblemáticos del mundo.
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