Para lograr este cambio, la mujer no solo recurrió a la estética, sino a una intervención que afectó sus sentidos y su piel.
Cubrió gran parte de su cuerpo con escamas reales o prótesis dérmicas que imitan perfectamente la textura y el patrón de un ofidio, buscando eliminar cualquier rastro de piel humana visible.
Colocó membranas o “velos” sobre sus globos oculares. Esto no solo altera su visión, sino que busca imitar la “escama ocular” (brille) que tienen las serpientes, las cuales carecen de párpados móviles y tienen una visión muy distinta a la nuestra.
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