Ante la necesidad de sacar adelante a sus cinco hijos, Elidia decidió emprender su propia fonda. A pesar de los desafíos iniciales y los días de bajas ventas, su determinación la mantuvo firme.
Sin formación profesional, Elidia aprendió el arte culinario a través del método de prueba y error. Su enfoque autodidacta ha dado como resultado platillos con sabores únicos que deleitan a sus clientes.
En su establecimiento, construido con madera y varas, Elidia trabaja exclusivamente con mujeres que, al igual que ella, buscan progresar. Juntas enfrentan las largas y agotadoras jornadas, que a menudo se extienden hasta altas horas de la tarde.
Lo que comenzó como un equipo de trabajo se ha transformado en una verdadera familia. Debido al tiempo que pasan juntas, consideran la fonda como su segundo hogar.
Elidia se siente agradecida con Acapulco por recibirla con los brazos abiertos y planea continuar compartiendo su sazón con la comunidad por muchos años más.