A diferencia de las jornadas habituales de trabajo, esta reunión tuvo como único fin honrar la memoria de los fallecidos. Entre olas, risas y anécdotas, amigos y familiares compartieron un momento de sanación frente al mar que tanto amaban.
El video destaca cómo la pasión por la pesca se transmite de generación en generación. Enrique Díaz, un pequeño pescador de 10 años, compartió que pesca por diversión y para desestresarse con su papá.
Para muchos, el sonido del agua y el acto de lanzar la cuerda se convirtió en una forma de procesar la pérdida de sus seres queridos.
La jornada concluyó con un mensaje de esperanza y fe. “Físicamente no están con nosotros, pero en el corazón siempre van a permanecer”, expresó Palacios. El mar de Acapulco no solo guarda historias de pesca, sino ahora también recuerdos profundos de amistad y respeto por la naturaleza.