Cuando ingerimos un analgésico para aliviar un malestar, es común creer que el medicamento tiene la capacidad de “buscar” y dirigirse específicamente a la zona afectada. Sin embargo, la realidad científica es distinta: al ser consumido, el fármaco circula a través de todo el torrente sanguíneo, recorriendo el cuerpo por completo.
Entonces, ¿cómo logra aliviar el dolor? La magia sucede a nivel químico. El analgésico actúa de manera específica solo en las áreas donde el cuerpo libera sustancias químicas que provocan inflamación, tales como las prostaglandinas.
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