El animal fue rescatado del interior de una vivienda invadida por el humo negro y tóxico. Al momento de sacarlo, el gato se encontraba completamente inconsciente y no mostraba signos vitales; sus pulmones, colapsados por la inhalación de monóxido de carbono, habían dejado de funcionar.
Lejos de rendirse, los rescatistas rusos iniciaron maniobras de reanimación en plena calle, frente a la mirada atónita de los vecinos. Con una paciencia infinita y utilizando equipo especializado de oxígeno.
Tras varios minutos de tensión, el pequeño gato comenzó a reaccionar, recuperando la consciencia ante el alivio de los presentes.