Sin embargo, la llegada de la luz artificial ha alterado un mecanismo de supervivencia milenario, convirtiendo una herramienta de navegación en una trampa mortal.
Las polillas y otros insectos nocturnos dependen de un fenómeno conocido como fototaxia para desplazarse. Su instinto les dicta utilizar fuentes de luz distantes y constantes, como la Luna y las estrellas, como puntos de referencia.
Al mantener la luz lunar en un ángulo fijo respecto a sus ojos, estos insectos logran navegar largas distancias en línea recta de manera estable. Este sofisticado sistema biológico se denomina orientación transversal.