La creencia popular de que el cielo aborregado anuncia un temblor fue objeto de estudio y plantea la duda sobre si se trata de un simple mito o de un fenómeno comprobable.
Zhonghao Shou, un químico chino jubilado, identificó cinco clases de nubes denominadas "sísmicas", las cuales se forman cuando el vapor de agua subterráneo, sometido a presiones extremas por el movimiento de las fallas, escapa por grietas y se condensa al chocar con el aire frío de la atmósfera.
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El método analizado por Shou no solo detecta la posibilidad de un temblor, sino que utiliza la longitud de la nube para calcular la magnitud y uno de sus extremos para ubicar el epicentro.
El registro de este especialista indica que, una vez que aparece una de estas estelas, el sismo suele producirse después.
Esta teoría sostiene que la posición de la nube en el cielo es un reflejo directo de la localización de la fractura geológica que está por deslizarse.
¿Predicción o coincidencia?
Un caso destacado fue el terremoto de Bam, en Irán, donde Shou alertó sobre una nube detectada por el satélite Meteosat-5 un día antes del desastre; el sismo ocurrió con una magnitud de 6.6 grados en la ubicación exacta señalada por la formación gaseosa.
Pese a lo sorprendente de estas coincidencias, instituciones como el Servicio Sismológico Nacional (SSN) mantienen que no hay una relación estadística probada y atribuye las formas en el cielo a fenómenos de humedad y viento atmosférico.
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