Se aproximará a solo 32,000 kilómetros de la superficie terrestre.
Esta distancia es menor que la de los satélites de televisión y comunicaciones que operan en la órbita geoestacionaria. Es, en términos astronómicos, un “rozón”.
La curiosidad científica es tal que misiones como OSIRIS-APEX (anteriormente OSIRIS-REx) ya están programadas para encontrarse con Apophis inmediatamente después de su paso por la Tierra. La nave estudiará los cambios sufridos por el asteroide tras su interacción con nuestra gravedad.
Este evento marcará un hito en la historia de la astronomía moderna, ofreciendo una oportunidad sin precedentes para observar cómo el cosmos interactúa directamente con nuestro entorno planetario inmediato.